La fantasía del travestismo heterosexual: cuando a ellos les gusta llevar lencería

Una amiga me comentaba hace tiempo que una vez conoció a un chico por la webcam al que le fascinaba la ropa interior sexy… ¡pero para lucirla él mismo! Le encantaba ponerse modelitos y que ella lo mirase mientras se masturbaban juntos. Al principio le sorprendió, pero luego estaba estaba encantada y se excitaba muchísimo con él.

Y es que hay varones que se prueban corpiños, se maquillan, se disfrazan de personajes femeninos… ¿Es un juego o son homosexuales encubiertos? ¿Qué hacer si los descubrimos en esa situación?

El que un niño pequeño se pruebe ropa de su madre no es más que un juego que forma parte de su evolución psicológica para definir su identidad sexual. La curiosidad suele desparecer. También es bastante frecuente encontrarnos con aquel familiar hombre (padre, tío, primo, cuñado, etc.) que en las fiestas le gusta vestirse de mujer. Y hasta determinados ritos culturales, como las “despedidas de soltero”, incorporan esta práctica de travestismo.

Usar indumentaria del sexo opuesto forma parte de muchas costumbres en diferentes culturas. También los cambios en las estructuras de género, sobre todo en las mujeres, han llevado a una ropa más unisex. A diferencia de otras, las fantasías de “ser de otro sexo” tienen la fuerza de la concreción (aunque sea por un momento). Así que el que un hombre adulto disfrute en ocasiones vistiendo lencería o ropa femenina no significa ni mucho menos que sea homosexual, simplemente es una fantasía que imprime un alto grado de erotismo a las prendas femeninas.

¿Qué es y quién practica esta fantasía?

El travestismo heterosexual forma parte de la fantasía del cambio de roles, por eso los hombres que lo practican es común que sean profesionales con grandes responsabilidades (ejecutivos, empresarios…) que sienten placer al renunciar a su papel de responsabilidad y que les gusta adoptar otro que, para ellos, es más pasivo: el rol femenino.

Esta fantasía tiene la característica de que se realiza para ser observado, ya sea por uno mismo en el espejo mientras se masturba o con la pareja femenina para luego mantener relaciones sexuales. La identidad sexual está muy clara, muchos de los que disfrutan con ello están casados y con hijos, y practican esta fantasía junto a sus mujeres sin problema.

Hay diferentes niveles dentro del travestismo heterosexual. Encontramos al hombre que disfruta sólo utilizando lencería femenina, al que le gusta utilizar el atuendo completo, incluyendo zapatos y maquillaje, hasta el más extremo que no puede alcanzar el orgasmo si no utiliza las prendas del otro sexo. Pero hay otras prácticas relacionadas con el tema que vamos a ver a continuación:

Prácticas relacionadas con el travestismo masculino

- Transformismo o drag queen: no es una opción ligada a la orientación sexual ni tiene objetivos erótico- estimulante. Sus fines son artísticos. El actor se convierte en mujer en el escenario pero no usa su recurso expresivo en la cama. No se cuestiona la identidad de género. Se diferencia, así, de las personas transgénero, transexuales o intersexuales que tienen que adaptar su cuerpo (por medio de hormonas, intervenciones estéticas o cirugía de reasignación) para buscar coherencia entre el sexo psicológico y el sexo biológico.

- Crossdressing: es una práctica que lleva a varones heterosexuales a concretar sus fantasías. No está asociada al placer sexual, sino a liberar “el lado femenino”, una especie de gusto por usar sus prendas, accesorios, maquillaje y hasta nombres de mujer. En general se realiza en secreto por la vergüenza que produce, aunque cada vez más hombres confían a sus parejas sus preferencias. Hasta se acompañan mutuamente a comprar ropa, o frecuentan clubes especiales para crossdressing. En nuestro país todavía es muy poco conocido y marginal. Sin embargo, ya existen lugares donde los hombres pueden concurrir y hasta reciben asesoramiento en vestuario y maquillaje para “montarse” o producirse.

- Travestismo fetiche: actualmente está considerado un trastorno sexual (se ubica dentro de las parafilias). Consiste en sujetos heterosexuales (generalmente hombres) que buscan alcanzar el máximo placer sexual vistiéndose con alguna prenda del sexo opuesto (ejemplo: lencería, medias, vestidos, etc.). La mayoría de estos varones están casados o en pareja. La particularidad es que tienen una conexión más fuerte e intensa con el objeto fetiche que con su mujer. Desean estar con ella, tener relaciones sexuales, pero el clímax lo alcanzan cuando usan o se frotan con el objeto femenino.

Todo es posible en la cama

Ya se sabe que dentro del dormitorio todo vale, y que las fantasías consentidas y compartidas son los mejores afrodisíacos.

La intimidad de una pareja puede incluir el intercambio de ropa, el juego de roles, y hasta el uso masculino de consoladores. Todo es posible en la cama. Si un varón se viste con ropa de mujer dentro del juego erótico y dicha práctica no es condición “sine qua non” para tener sexo, no debería llamar la atención. No implica nada más ni nada menos que buscar nuevos recursos para disfrutar.

Considerar que ese hombre es un homosexual encubierto es un error. La homosexualidad es un deseo de amar y/o tener relaciones con alguien del mismo sexo y no implica usar indumentarias ni accesorios del sexo opuesto.

Y tú, ¿has probado alguna vez este tipo de travestismo o has tenido curiosidad?

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